Buscar solucionas tácticas a las problemáticas de la empresa, en el mejor de los casos, disipar o atomizar el efecto de la solución planteada. Si las tácticas, por simples que sean las cuestiones, no van subtendidas sobre una estrategia, difícilmente alcanzarán la coherencia y simultaneidad necesarias para alcanzar objetivos que contribuyan a la imagen de la marca, incluso en ocasiones ni siquiera consiguen los objetivos planteados.
En Comunicación, esta aseveración es aún más contundente:
La Estrategia de Comunicación de una marca o de una compañía es un entramado donde todos los soportes deben ser una contribución a la Imagen de Marca del negocio. No resulta suficiente dirimir el problema puntual o individualmente, debemos anclarlo en el Plan Estratégico del área correspondiente.
Por eso, la elaboración previa de un diagnóstico (a menudo no vinculante) releva la posibilidad de enfoques erróneos y traza, o acorta, el camino hacia una proposición real de valor. Es decir; hacia la creación o complementación de una estrategia que piense más allá del día a día, y en cómo las posteriores tácticas afectarán al resto del conjunto. Ya no estamos en un mercado ni en una época de tácticas, sino de estrategias.